"Uno de los errores que ha cometido España en las
últimas décadas ha sido vivir por encima de sus posibilidades. En cierta
forma me recuerda la actitud del nuevo rico que necesita mostrar su
nuevo estatus y lo hace con una ostentación irritante. Es cierto que no
todo se ha hecho mal. No hay más que recordar las profundas reformas e
inversiones en infraestructuras que se hicieron entre 1996 y 2004, pero
también es bueno observar que las administraciones han tenido un
crecimiento espectacular desde que se aprobó la Constitución en 1978. El
endeudamiento sostenible que genera riqueza es positivo, pero no
siempre ha sido así. El crecimiento de nuestra economía permitió que
aumentaran los ingresos públicos y, por tanto, se entró en una espiral
inversora tan desordenada como desbocada. Las consecuencias han sido
demoledoras, porque ahora nos encontramos con una fuerte caída de
ingresos y un aumento del coste de la deuda y de las prestaciones por
desempleo. El control del déficit público y las políticas reformistas no
son un capricho de Rajoy, sino una necesidad para salir de la crisis
económica. Es una hoja de ruta que está dando resultados. En el comienzo
de esta legislatura, la gravedad de la situación hizo que fuera
necesario subir algunos impuestos. Es algo que entraba en contradicción
con el programa electoral del PP y, sobre todo, con lo que ha sido una
trayectoria clara de este partido, que siempre ha defendido la necesidad
de bajarlos.
Hay que pagar impuestos, pero
sobre todo conseguir que pague todo el mundo. El nivel de fraude que
existe en España es escandaloso. No puede ser que la economía sumergida
tenga un peso tan enorme. Es cierto que siempre se dice que es una
prioridad, pero es sorprendente que los años pasen y su porcentaje
siempre supere el 20 por ciento del PIB. Es un problema endémico, pero a
la vez incomprensible. El Gobierno ha insistido en el carácter
coyuntural de la subida de impuestos, pero no se trata de volver a los
niveles de 2011, sino de emprender un proceso que conduzca a una mayor
reducción. Una vez se aseguren los elementos fundamentales del Estado
del Bienestar, es necesario que la reducción de las estructuras
administrativas sea muy profunda. Es cierto que se necesita un tiempo,
pero no puede ser eterno. Hay que rediseñar las administraciones
públicas para que sean más eficaces, ligeras y rentables. Esto conduce a
que la economía productiva disponga de mayores recursos y se entre en
una espiral en un sentido contrario al que nos hemos encontrado
tradicionalmente. Por ello, son importantes las bajadas de impuestos. Un
amigo me decía que no le importa soportar una fuerte carga en las
circunstancias actuales, pero que realmente sirva para algo.
Coincidimos en que hay que bajar los impuestos, pero es evidente que no
había otra salida a corto plazo. La recuperación será la gran
oportunidad para cambiar."
Editorial de La Razón, 12/05/2013 de Francisco Marhuenda.
Esto ya es mio:
En este editorial-pasquín tienen la poca vergüenza de publicar el siguiente
titular: "El milagro del 96 empezó con una presión fiscal superior a la
de hoy". Y tienen la cobardía de no permitir los comentarios en dicha
noticia. Y después, se nos recuerda que los ciudadanos
hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. "El milagro del
96"... ¿se refieren a la gran burbuja orquestada por un gobierno
corrupto que ha hipotecado a varias generaciones de españoles y ha
arruinado el futuro económico del país? ¿Esa en la que el crecimiento se
basaba en conceder hipotecas subprime a unos ciudadanos engañados para
comprar vivienda sobrevaloradísima, con el beneplácito del gobierno? ¿Eso
es crecimiento y un "milagro"? Y todo ello, para defender que el PP se
siga saltando a la torera el compromiso adquirido con los ciudadanos en
las urnas. Son ustedes de una calaña difícil de calificar, su servilismo
político cavernario es sencillamente repugnante.