¿SALVÓ ESPAÑA?
Si un ser que no fuera de este mundo y nunca hubiera hablado con nadie quisiera saber algo de España y leyera el manifiesto Ni olvidamos ni callamos pensaría que España fue durante la dictadura franquista un lugar envidiable para vivir. Y Franco el mejor gobernante que ha tenido nunca. Calcando la propaganda que el régimen desplegó para intentar limpiar su imagen y convencer, el texto define a Franco como un “hombre bueno” que trajo la “paz y la prosperidad”, propició “la reconciliación” entre españoles, “salvó” al país y propulsó la economía española hasta cotas casi milagrosas.
Sin embargo, el texto, firmado por un centenar de personas entre las que están los nietos del dictador o el golpista Antonio Tejero, es una mezcla de vacíos interesados y de los principales mitos que el franquismo edificó sobre sí mismo. El escrito hace apología de la dictadura y celebra el triunfo de los sublevados en la que llama la “Cruzada de Liberación”, en referencia a la Guerra Civil y sin nombrar el golpe de Estado y, por supuesto, obvia lo que supuso el régimen en términos de derechos humanos. Estas son algunas de sus mentiras:
La “paz” de Franco
Define el manifiesto al dictador como un “cristiano ejemplar”, pero nada dice de la maquinaria de terror que diseñó el régimen desde el principio con el único objetivo de exterminar a la izquierda y a todo aquello que sonara a República. No nombra los fusilamientos, la suspensión de garantías constitucionales, la persecución extrajudicial o el castigo sistemático que generalizó la dictadura. Siempre se basó en la división de los españoles entre vencedores y vencidos, no hubo paz ni reconciliación.
Tampoco cita los 300 campos de concentración que creó el franquismo por toda España o los 270.000 presos que estaban en 1940 encerrados en cárceles en condiciones inhumanas. Para los firmantes, no existieron los más de 100.000 trabajadores forzados ni las decenas de miles de enterrados en cunetas y fosas sin permitirles a sus familias despedirse o darles un entierro digno, muchos de los cuales siguen hoy desaparecidos. Tampoco les importa el casi medio millón de exiliados contabilizados en marzo de 1939 o el control moral y social que impuso el franquismo en casi todos los ámbitos, por nombrar solo algunas de sus consecuencias. (*)
Un Estado “honrado, austero y eficaz”
El manifiesto atribuye a Franco haber levantado una “España en ruinas” y convertirlo en un país próspero. Nada más lejos de la realidad. Son muchos los historiadores y economistas que han definido la gestión económica de la dictadura como “un absoluto desastre y un fracaso”. Fue uno de los periodos más duros y negros de nuestra historia provocado por la política autosuficiente que Franco impuso en su primera etapa, lo que causó el hundimiento de la economía.
A la corrupción, “elemento intrínseco” al franquismo se sumó un sistema fiscal “injusto” que privilegiaba a las clases poderosas y a la Iglesia y propiciaba el fraude sobre todo de terratenientes y grandes propietarios. España iba muy por detrás del resto de Europa occidental, entre otras cosas porque tenía un estado muy ineficaz. A partir de 1959, Franco, que al principio se oponía, no le quedó más remedio, a riesgo de entrar en bancarrota, que asumir el Plan de Estabilización, que inauguró el fin de la autarquía y favoreció el crecimiento económico.
La hambruna fue la franquista
Dicen los firmantes que el dictador “tomó las riendas” de un país “con un enorme problema de pobreza y hambre”, pero la realidad es justo la contraria: estos fueron dos efectos de las políticas del régimen. Son conocidos como los años del hambre los que duraron hasta 1952,(me salve por poco) cuando el sistema de racionamiento impuesto llegó a su fin, pero en algunos años lo que se dio en España fue una auténtica hambruna “en toda regla” frente a la eterna pero incumplida promesa de Franco de “ni un español sin pan”, cuyo consumo precisamente se desplomó. Algunos datos: de un consumo de 156 kilos por habitante y año en 1935, en época republicana, se pasó a unos 100 en los 40. Parecido ocurrió con las legumbres, las patatas o el azúcar o los huevos. Todavía en 1960 el consumo de carne era de 20 kilos por habitantes y año, sensiblemente más bajo que el de 1935, que había alcanzado los 33. En 1939 el nivel adquisitivo de los españoles era un tercio del que tenían en 1936, justo antes del golpe de Estado. (*)
Industrialización a pesar de Franco
Sí, a partir de 1959 las cosas cambiaron. España cambió su política económica, se abrió al exterior y se sumó a la ola de prosperidad mundial. Eso a pesar de las reticencias del dictador. Y aun así, todavía el país estaba por detrás de otros países europeos pese a que el manifiesto asegure que Franco convirtió a España “en la novena potencia industrial del planeta”. Desconozco de dónde se sacan ese dato, lo que sabemos es que antes de la Guerra Civil era la séptima y que el PIB no se recuperó a niveles de 1935 hasta bien entrados los años 50. (*)
Ni el nivel de carreteras ni de estructura ferroviaria estaba al nivel del resto de Europa, todos los que tuvieron que emigrar se quedaban maravillados de lo que había en países como Alemania o Suiza. El crecimiento fue espectacular, pero no es una excepción ni un milagro. Es similar al que ya otros países habían experimentado hacía 15 años, además hay otros elementos que influyeron como las inversiones extranjeras que habían sido vetadas, la entrada de divisas procedente de la emigración o el alto grado de explotación laboral y salarios bajísimos.(*)
Beneficio para los terratenientes
Sostienen los firmantes del manifiesto que el dictador modernizó la agricultura, una afirmación que esconde muchos matices. Antes de los 50 la agricultura es un desastre y el franquismo se afana en acabar con la reforma agraria republicana. Los salarios son bajísimos y los jornaleros y sus familias se mueren de hambre, a principios de los 50 empieza una modernización. Sigue habiendo mucha miseria y la política agraria principal se hace para beneficiar a quienes ya tienen la posesión de la tierra, se refuerza a los grandes terratenientes a costa de unas arcas estatales vacías.
Más viviendas, pero no suficientes
Al problema de la vivienda se refiere también el manifiesto como si Franco hubiera solucionado el chabolismo y la infravivienda que asolaba el país en aquel momento. Es rotundamente falso que acabara con ello y precisamente en dictadura nace el movimiento vecinal para hacer frente a todas las carencias que tienen los barrios de migrantes que se han desplazado a las ciudades y que vivían sin servicios, sin aceras, sin alcantarillas...
A partir de los 60 el recién creado Ministerio de la Vivienda se dio un impulso a la creación de vivienda social y el régimen levantó miles de casas para rentas bajas en base a diferentes legislaciones que fueron cambiando con el tiempo, pero aun así siguieron siendo insuficientes: El balance de toda la dictadura en número de viviendas creadas fue igual que el de Reino Unido en un año. El problema de la vivienda se vio aliviado solo en los últimos años de la dictadura, aunque no resuelto, que apunta a otro elemento más relacionado con la reducida dimensión de las casas construidas y la mala incluso pésima calidad de las construcciones. (*)
Trabajadores sin derechos
Aunque el texto, también suscrito por el presidente de Manos Limpias o el juez ya jubilado que obstaculizó la exhumación de Franco del Valle de Cuelgamuros (no Valle de los Caídos, como les gusta), asegure que la dictadura intentó dignificar a los trabajadores españoles. La desprotección de los trabajadores era bestial, la hora de mano de obra se paga muy barata, no tienen posibilidades de sindicarse ni derecho a huelga.
Añaden también los firmantes que el de Franco era un Estado social
sin el odio ni el parasitismo de izquierda, a cuyos representantes,
elude el texto, estaba el régimen matando o encarcelando, pero el gasto
social del Estado en relación con el PIB fue muy bajo y creció muy
lentamente: en 1943 era de
tan solo un 2% y en 1966 había subido un poco, pero solo al 3,4%. Por
comparar, en 1995, el gasto social del total de administraciones en
relación con el PIB alcanzó casi el 26%.(*)
No, Franco no creó la Seguridad Social
Es uno de los mitos más repetidos por quienes todavía reivindican a Franco y no podía faltar en el manifiesto, pero la realidad es que el dictador no puso en marcha el sistema de Seguridad Social tal como hoy lo conocemos. Es más, ya a principios del siglo XX había un sistema de protección social, el Instituto Nacional de Previsión, que fue el antecedente de la Seguridad Social. Lo que hace la dictadura es la Ley de bases de la Seguridad Social en 1963, pero se limita a igualar todo el sistema de seguros y mutuas que existían que, además, llega con dos décadas de retraso respecto a lo que tienen en Europa, que incide en que el sistema tal y como lo conocemos hoy es obra del exministro del PSOE Ernest Lluc y su Ley General de Sanidad de 1986. (*)
Grandes hospitales, pero escasez de inversión
Remarca el manifiesto que el dictador creó una red de hospitales públicos de los que todavía hoy seguimos beneficiándonos y es cierto que en dictadura se proyectaron grandes construcciones hospitalarias como la Paz de Madrid o el Hospital Virgen del Rocío (antiguo García Morato) en Sevilla, pero de acuerdo con los historiadores, tras ello, había un importante déficit de inversión en recursos sanitarios y los hospitales fueron insuficientes y al finalizar la dictadura el número de camas hospitalarias era inferior al de países como Portugal o Grecia, con pésimas condiciones asistenciales y falta de medicinas y productos elementales de higiene o limpieza.
Sí, sí quiso entrar a la Segunda Guerra Mundial
Tampoco es ajeno el manifiesto a otro de los mitos a los que más motivo han dado los defensores de la dictadura: que Franco, gracias a su habilidad, hizo que España no entrara en la Segunda Guerra Mundial. Pero esto no es verdad. Aliado siempre con las potencias fascistas, el dictador dictó “neutralidad” cuando los aliados declararon la guerra a la Alemania nazi, pero cuando estaba convencido de una posible victoria de Hitler, su intención cambió y mandó al jefe del Alto Estado Mayor del Ejército, el general Juan Vigón, en hacerle a Hitler el ofrecimiento de que España entrara en guerra. Franco no nos mantuvo, fue Hitler el que no quiso que España entrara, no quiere porque no le interesa lo que le puede aportar la España franquista.
(*) Datos obtenidos del libro Con Franco vivíamos mejor
Manifiesto Ni olvidamos Ni callamos
Plataforma 2025.- Nosotros, españoles agradecidos a Francisco Franco, queremos alzar nuestra voz en este año 2025. Queremos hacerlo, porque los poderes políticos y mediáticos, han declarado que este 2025 ha de ser el año de la mentira contra el Caudillo.
No es nueva esta conducta: el Generalísimo Franco ha sido objeto de las más brutales acusaciones falsas desde que ganó a la izquierda una guerra perdida, para luego levantar nuestra nación a lo largo de una próspera y prolongada paz como jamás ha vivido nuestra tierra.
La Ley de Memoria Histórica del año 2007 de Zapatero fue un empujón en esas campañas de mentiras contra Franco. Luego vino el silencio cómplice del Partido Popular. Por fin, Pedro Sánchez, acabó por profanar la tumba del Caudillo para decretar después que debía acabarse cualquier posibilidad de defender la Verdad (con mayúscula), porque había una “verdad” oficial, fijada en la nueva Ley de Memoria Democrática de 2022. Una ley hecha para localizar, señalar, amordazar y condenar a la muerte, de momento civil, a todos los patriotas españoles.
Pero nosotros no olvidamos. No olvidamos que Franco fue un soldado heroico. No olvidamos que fue cofundador y luego jefe de la Legión. No olvidamos que fue el primer director de la Academia General Militar. No olvidamos que Franco salvó a España en 1934 de una revolución socialista armada dirigida por el PSOE. No olvidamos la Victoria en nuestra Cruzada de Liberación para derrotar, otra vez, al PSOE.
No olvidamos que Franco fue un cristiano ejemplar, que salvó a la Iglesia de España, que hoy le niega gratitud, del exterminio físico para crear un Estado Católico cuya Primera Ley Fundamental decía: “La Nación española considera como timbre de honor el acatamiento a la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional, que inspirará su legislación.”
No olvidamos que ese Estado nacional y católico de Franco aspiraba a representar la continuidad histórica de una monarquía española, que hoy le niega lealtad, pero que Franco instauró de nuevo. Un Estado que cultivó la unidad de España y de los españoles como pieza clave de progreso.
No olvidamos que Franco dotó a ese Estado de una Administración honrada, austera y eficaz que consiguió, en pocas décadas, construir en España las infraestructuras energéticas, ferroviarias, las carreteras, los embalses…, que nos colocaron al mismo nivel de las naciones más avanzadas del mundo.
No olvidamos que Franco tomó las riendas de una España en ruinas con un enorme problema de pobreza y hasta de hambre. Y que desde ese punto de partida, su Régimen modernizó la ganadería y la agricultura; consolidó una potentísima y avanzada siderurgia, una importante industria automovilística y naval o creó, de la nada, la industria del turismo. No olvidamos que Franco nos convirtió en la novena potencia industrial del planeta. Hoy, España se ha convertido en un parque temático para turistas descontrolados y para jubilados anglosajones y nórdicos.
No olvidamos que el Estado nacional creado por Franco fue también un Estado social, sin el odio y el parasitismo de izquierda, dirigido a proteger y dignificar a los trabajadores españoles. Que levantó un sistema de Seguridad Social de la nada y construyó una red de hospitales públicos de la que todavía hoy seguimos beneficiándonos todos los españoles. Que erradicó el analfabetismo, que universalizó la enseñanza primaria y secundaria y que hizo que cualquier joven, con suficiente capacidad, pudiese titularse en la Universidad. Que creó la ONCE, para proteger a los más desvalidos. No olvidamos que Franco acabó con los poblados de chabolas en las ciudades y con las infraviviendas en tantos pueblos de España, construyendo más de cuatro millones de viviendas asequibles, en las que muchos hemos nacido y nos hemos criado.
No olvidamos que ese Estado nacional, católico y social creado por Franco pretendía propiciar la paz, la prosperidad y el bien común, procurando al mismo tiempo disponer las mejores condiciones para que cada español fuera un ser humano decente y que, dotado de un alma capaz de salvarse y condenarse, alcanzase su fin último en la eternidad. Un Estado que reconocía el valor medular de la familia o de la libertad justa, cotidiana y palpable.
No olvidamos que Franco propició la verdadera reconciliación entre los españoles. Reconciliación que hicieron los muertos en el Valle de los Caídos. Reconciliación que se hizo desde un Régimen que guardó silencio sobre las brutalidades del PSOE, y de todo el Frente Popular, en la retaguardia roja.
No olvidamos que Franco nos mantuvo al margen de la Segunda Guerra Mundial, ni de que superó un aislamiento internacional injusto, manteniendo incólume la soberanía de España. Soberanía que se ponía de manifiesto en una política exterior independiente y de principios. Se consiguió una resolución de la ONU por la que Gibraltar debía ser devuelta a España. Se llevó a cabo un cuidadoso plan, dirigido por Carrero Blanco, para desarrollar armamento atómico. Se supo mantener unas interesantes esferas de influencia y amistad con la mayoría de los países hispanoamericanos, la Cuba comunista incluida, y con los países árabes. Si se abandonó el Sáhara, fue contra la expresa voluntad del Generalísimo, ya en sus últimas semanas de vida.
No olvidamos tampoco que esos poderes políticos y mediáticos que se lanzan contra Franco odian su obra porque odian a España. Y odian a España, porque odian a Cristo y los valores y la cultura cristiana que España propagó y defendió durante siglos mejorando el mundo.
No olvidamos y no callamos. Uníos, ayudadnos a alzar esta bandera justa. No nos acobardan ni sus cancelaciones, ni sus multas, ni los muros de sus cárceles. Ni siquiera sus cunetas, a las que querrían volver a arrojarnos si pudieran. Nos da miedo la indignidad del silencio ante sus mentiras.
Reivindicamos la memoria del Caudillo Francisco Franco. Invicto. La espada más limpia de Europa. Artífice de la Victoria militar y espiritual de España sobre el comunismo y el socialismo. Un hombre bueno, Católico, que murió perdonando y pidiendo perdón, que quiso vivir y morir como hijo fiel de Dios y de Su Iglesia y que legó, para todos los españoles, prosperidad, unidad y paz.
¡Francisco Franco! ¡PRESENTE!
¡ARRIBA ESPAÑA